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Loquita de Cuautla: Una vida de violencia

La Columna de Hierro
Por Marco Tulio

Hoy les quiero contar una historia de una mujer que seguramente muchos y muchas de ustedes amables lectores ubican. Bien sea porque alguna vez la vieron en la calle y llamó su atención por ir semidesnuda, o quizá tuvieron algún encuentro desagradable con ella por su nivel de agresividad, o tal vez porque vieron su foto en redes sociales en la publicación que hizo el DIF de Iguala, Guerrero, institución que la recogió de las calles de aquella ciudad y busca afanosamente a sus familiares para que vayan por ella.

Hace varios días, María Luisa, como se identificó ante el DIF de Iguala, deambulaba por aquellas calles en las mismas condiciones en que lo hacía desde hace tiempo en Cuautla. ¿Cómo llegó hasta allá?, Nadie lo sabe, el caso es que personal del DIF la recogió, la alimentó, le dió ropa y probablemente le dio medicamento, porque lo que si es un hecho es que padece de sus facultades mentales, pues tiene una condición de esquizofrenia.

Me detengo un poco para explicar esta enfermedad mental. Una persona con esquizofrenia suele presentar ideas delirantes de persecución o de algún daño recibido, se manifiesta en comportamiento de ira, tendencia a discutir, retraimiento o ansiedad. El comportamiento de María Luisa era de una persona con esquizofrenia, pues incluso a algunas personas las agredió con algún arma punzocortante o lo que tuviera a la mano, con una clara intención de hacer daño, y muchas veces estas agresiones fueron contra mujeres, algunos incluso embarazadas a las que les reclamaba en sus ideas delirantes, que le habrían quitado a sus hijos.

El trauma mental de María Luisa va muy acorde a su historia.

De niña, habría sufrido abuso sexual. Ya mayor, se casó con un hombre 20 años mayor que ella, quien en realidad era un tratante de blancas, más conocido como “padrote” que la obligó a prostituirse en el Estado de México e incluso en Cuautla, en la zona conocida como ¨Las Vegas”.

Tuvo dos hijos, y ellos también habrían padecido violencia a manos del hombre que la explotaba, y esa fue la razón por la cual las autoridades le retiraron la custodia de los niños, quienes crecieron en una Casa Hogar. Hoy ya deben ser adultos.

La pesadilla que esta mujer vivió al ser prostituida, pues además de que su “padrote” la obligaba a entregar 5 mil pesos al día, manteniéndola casi todo el tiempo drogada, lo que la llevó a la dependencia de estupefacientes, sumado al maltrato y amenzas de hacerle daño a sus hijos, y que muy probablemente también pudo haberse embarazado mientras ejercía la prostitución, siendo obligada a abortar como ocurre en estos casos, la sumió en un estado mental en el que el dolor de la pérdida de sus hijos y la esquizofrenia, se combinan provocándole alucinaciones, pues en cada persona que se le cruza, ve a quienes le han hecho daño desde niña.

María Luisa, Erika, Elizabeth, cualquiera que sea su nombre real, y cuales quiera que sea su lugar de origen, solo ha conocido la violencia. Nadie la protegió ni ayudó y su vida se fue poco a poco al abismo obscuro de una enfermedad mental.

Ella lo perdió todo, su vida ha estado plagada de abusos sistemáticos, reduciéndola a algo menos que una cosa sin alma, sin identidad, sin familia que quiera hacerse cargo de ella, pues aunque en algún momento si tuvo esa atención de familiares, hoy su estado mental se ha agravado al grado que solo una institución mental con personal capacitado, medicación y cuidados, podría realmente ayudarla.

Cuántas historias como esta hay detrás de esos rostros de mirada perdida que deambulan por las calles cubiertos de mugre y soledad. Ignorados por todos, especialmente por quienes tienen el poder y la posibilidad de generar políticas públicas para que reciban la atención necesaria y no vivan como animales abandonados. Pero no solo las autoridades de los tres niveles y legisladores mantienen sus ojos cerrados a esta realidad, pues ni siquiera las iglesias que pregonan el amor al prójimo, atienden a estas almas perdidas, salvo en algunos muy contados casos y solo ocasionalmente.

La violencia, las drogas, la indiferencia, el abuso sexual, la impunidad, son el caldo de cultivo para que hombres y mujeres como María Luisa, sigan apareciendo en las calles.

Como sociedad, también debemos preguntarnos si algo podemos hacer para que estas tristes historias no se sigan repitiendo. Se lo dejo para la reflexión.

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Un comentario

  1. No me gusta el título de su reportaje, suba su nivel periodista, loquita es discriminatorio, denigrante, pudo decir indigente, enferma mental, pero su nivel es cómo de Televisa, no ayuda.
    Que bueno qué se hagan cargo de está Mujer y la traten, si su familia no acude es porque no se pueden hacer cargo Muy buen reportaje vy reflexión.

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